Mis propósitos para este año

Nos encontramos en la época de la motivación por el cambio. En muchos artículos de prensa puede leerse que apuntarse al gimnasio, comer sano, dejar de fumar, ser más organizado, son, entre otros, los propósitos que todos, en algún momento de nuestras vidas, nos hemos planteado al comenzar el año.

 Aunque no es una noticia reciente, se repite enero tras enero, y es que es algo que tratamos de iniciar justamente después de tomarnos las uvas, de felicitarnos los unos a los otros y de desearnos un año lleno de felicidad: cumplir con nuestros propósitos de año nuevo.

El motivo por el cual, al acabar el mes, ya los hayamos olvidado es sencillo: cuando depositamos en algo externo a nosotros, como es el inicio del año, una decisión que debe partir de nuestra voluntad de mejorar, es muy fácil que fracase, como pasa con la mayoría de dietas que comienzan los lunes.

Por eso mismo, desde aquí os planteamos que ese compromiso sea con uno mismo, más que con una fecha. El propósito que os recomendamos para este 2018 es corto, sencillo y prometedor:

VALORARTE

Hay veces que no nos gusta algo de nosotros. Otras, creemos que es a los demás a quienes no les gusta eso. También podemos pensar que si lo conseguimos cambiar nos sentiremos bien, satisfechos, y que eso es la autoestima.

Y sí, la autoestima genera una enorme sensación de satisfacción con uno mismo, pero en ocasiones puede que estemos confundidos sobre cómo se consigue.

En los ejemplos anteriores los pensamientos no facilitan un movimiento al cambio, sino más bien a la autoexigencia, lo que crea una gran distancia entre cómo creo que soy y cómo creo que debería ser. Esa comparación suele venir acompañada de intentos frustrados por lograr parecerme a un ideal que considero respetable y valioso.

Pero darme valor es sinónimo de aceptarme tal y como soy, no como creo que debo ser en base a lo que los demás (ya sean padres, pareja o la sociedad en general) determinen. No hay que ser de ninguna manera para ser valioso.

La autoestima se construye a partir de la relación con los demás, pero nunca como consecuencia o gracias a ésta.

Asumiendo esto, podremos poner límites a aquello que no nos aporta, y también a esos pensamientos que nos hacen sentir peor, que nos estancan en el malestar. Así, podré elegir las relaciones que me ayuden a tomar conciencia de mi propio valor.

Por eso, si hemos de cambiar, que sea por la decisión de mejorar, no por creer que de esa forma seremos mejores de lo que somos ahora (más felices, más sanos, más guapos, más populares, más, más, más)

Este breve cuento de Jorge Bucay es un buen reflejo de todo lo hablado:

Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo.

El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino.

Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa.

La Rosa lloraba porque no podía ser tan alta y sólida como el Roble.

Entonces encontró una planta, una Fresa, floreciendo y más fresca que nunca.

El rey preguntó:

– ¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?

– No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresas. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: “Intentaré ser Fresa de la mejor manera que pueda”.

Estás aquí para contribuir con tu fragancia. Simplemente mírate a ti mismo. No hay posibilidad de que seas otra persona. Puedes disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por ti, o puedes marchitarte en tu propia condena…

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