¿Los conflictos en la relación de pareja pueden afectar a tu salud?

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Una relación de pareja conflictiva puede tener repercusiones directas en la salud y en la calidad de vida de ambos miembros de la pareja. Discutir y pelear con la pareja no sólo afecta al estado de ánimo sino que puede ocasionar dificultades a largo plazo en la salud física, mental y sexual. Numerosos estudios han puesto de manifiesto cómo los conflictos de pareja crónicos afectan negativamente en todas las áreas de nuestra vida.

Si miramos a nuestro alrededor es bastante común encontrar parejas que discuten constantemente e incluso, si hacemos memoria, nosotros mismos tal vez hemos pasado por alguna etapa donde la falta de entendimiento era la orden del día. Aumento del ritmo cardiaco y de la presión arterial, respiración agitada, dolor abdominal, pérdida de apetito, nerviosismo o actos violentos son sólo algunos de los efectos inmediatos del conflicto. Sin embargo, si este se mantiene durante el tiempo, el desgaste emocional y físico hará que determinadas patologías físicas y psíquicas aumenten su probabilidad de ocurrencia. Algunos de los trastornos más comunes son estrés crónico, cefaleas tensionales, alteraciones hormonales, síndrome de colon irritable, problemas psicosomáticos, ansiedad, depresión, insomnio, problemas en la concentración mental, desarrollo de conductas adictivas, baja autoestima, aislamiento o bloqueo emocional.

Las relaciones de pareja pasan por varias fases. En una primera etapa de enamoramiento el conflicto es casi inexistente. La idealización de la pareja y la llegada del amor a nuestra vida nos llena de optimismo con respecto al futuro. El enamoramiento aumenta la autoestima y nos hace sentirnos con fortaleza para sortear los obstáculos que pueden surgir en el día a día. El amor se instala en nuestra vida y no nos cuesta esfuerzo alguno mantener la pasión. Sin embargo, igual que nuestras necesidades personales van cambiando con el tiempo nuestra relación de pareja también lo va haciendo con nosotros. Es aquí donde surge la fase de lucha de poder y donde más conflictos aparecen. Es el momento de construir los cimientos de la relación. Las normas en la convivencia o la repartición de tareas, el cuidado de los hijos, la organización del tiempo de ocio individual y de pareja, la economía familiar o la relación con la familia de origen son aspectos nuevos a negociar y pueden ocasionar muchos desacuerdos. Por último, y si la toma de decisiones de la fase anterior nos ha llevado a la colaboración, aceptación y apoyo mutuo, se establece la fase de intimidad y la relación se irá afianzando con mayor firmeza y solidez.

La pareja es uno de los aspectos centrales en la vida y puesto que las crisis de pareja afectan a nuestra salud general pudiendo tener incidencia en el rendimiento laboral e incluso en la motivación y en las ganas de vivir, buscar soluciones en cuanto aparecen los conflictos se hace necesario. La satisfacción en la pareja está relacionada con el apoyo emocional, con compartir metas e intereses y con las estrategias de resolución de conflictos basadas en una comunicación eficaz. Una buena relación de pareja no es aquella que no tiene conflictos, sino aquella que sabe enfrentarse a ellos.

Entre los consejos más útiles para poder vivir en armonía y alcanzar soluciones razonables, se destaca el cambiar las quejas por peticiones (p.ej. “me gustaría pasar más tiempo contigo” frente a “siempre te vas con tus amigos”), crear acuerdos negociados pero nunca aprovechando la discusión, resolver los problemas del pasado y curar heridas generando interacciones positivas de reparación emocional. También es recomendable demostrar cariño e interés en pasar tiempo juntos, respetar los espacios del otro, transmitir reconocimiento o admiración (decir lo orgullosos que nos sentimos de compartir la vida con él o ella) y hablar mucho de nuestros sentimientos para evitar los malentendidos utilizando siempre una comunicación asertiva.

La terapia de pareja se debe considerar cuando las peleas, gritos y falta de respeto parecen no tener fin. Estas terapias son muchas más efectivas si no dejamos pasar mucho tiempo desde las primeras señales de insatisfacción en la relación y no esperamos a que el distanciamiento, el rencor y la frustración acumulada nos impidan encontrar soluciones. Acudir a terapia de pareja implica que ambos miembros desean recuperar el bienestar y aceptan que ambos son parte del problema pero también parte de la solución.

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¿Los conflictos en la relación de pareja pueden afectar a tu salud?

18-PODEMOS-HACER-ANTE-EL-CONFLICTO

Una relación de pareja conflictiva puede tener repercusiones directas en la salud y en la calidad de vida de ambos miembros. Discutir y pelear con la pareja no sólo afecta al estado de ánimo sino que puede ocasionar dificultades a largo plazo en la salud física, mental y sexual. Numerosos estudios han puesto de manifiesto cómo los conflictos de pareja crónicos afectan negativamente en todas las áreas de nuestra vida.

Si miramos a nuestro alrededor es bastante común encontrar parejas que discuten constantemente e incluso, si hacemos memoria, nosotros mismos tal vez hemos pasado por alguna etapa donde la falta de entendimiento era la orden del día. Aumento del ritmo cardiaco y de la presión arterial, respiración agitada, dolor abdominal, pérdida de apetito, nerviosismo o actos violentos son sólo algunos de los efectos inmediatos del conflicto. Sin embargo, si este se mantiene durante el tiempo, el desgaste emocional y físico hará que determinadas patologías físicas y psíquicas aumenten su probabilidad de ocurrencia. Algunos de los trastornos más comunes son estrés crónico, cefaleas tensionales, alteraciones hormonales, síndrome de colon irritable, problemas psicosomáticos, ansiedad, depresión, insomnio, problemas en la concentración mental, desarrollo de conductas adictivas, baja autoestima, aislamiento o bloqueo emocional.

Las relaciones de pareja pasan por varias fases. En una primera etapa de enamoramiento el conflicto es casi inexistente. La idealización de la pareja y la llegada del amor a nuestra vida nos llena de optimismo con respecto al futuro. El enamoramiento aumenta la autoestima y nos hace sentirnos con fortaleza para sortear los obstáculos que pueden surgir en el día a día. El amor se instala en nuestra vida y no nos cuesta esfuerzo alguno mantener la pasión. Sin embargo, igual que nuestras necesidades personales van cambiando con el tiempo nuestra relación de pareja también lo va haciendo con nosotros. Es aquí donde surge la fase de lucha de poder y donde más conflictos aparecen. Es el momento de construir los cimientos de la relación. Las normas en la convivencia o la repartición de tareas, el cuidado de los hijos, la organización del tiempo de ocio individual y de pareja, la economía familiar o la relación con la familia de origen son aspectos nuevos a negociar y pueden ocasionar muchos desacuerdos. Por último, y si la toma de decisiones de la fase anterior nos ha llevado a la colaboración, aceptación y apoyo mutuo, se establece la fase de intimidad y la relación se irá afianzando con mayor firmeza y solidez.

La pareja es uno de los aspectos centrales en la vida y puesto que las crisis de pareja afectan a nuestra salud general pudiendo tener incidencia en el rendimiento laboral e incluso en la motivación y en las ganas de vivir, buscar soluciones en cuanto aparecen los conflictos se hace necesario. La satisfacción en la pareja está relacionada con el apoyo emocional, con compartir metas e intereses y con las estrategias de resolución de conflictos basadas en una comunicación eficaz. Una buena relación de pareja no es aquella que no tiene conflictos, sino aquella que sabe enfrentarse a ellos.

Entre los consejos más útiles para poder vivir en armonía y alcanzar soluciones razonables, se destaca el cambiar las quejas por peticiones (p.ej. “me gustaría pasar más tiempo contigo” frente a “siempre te vas con tus amigos”), crear acuerdos negociados pero nunca aprovechando la discusión, resolver los problemas del pasado y curar heridas generando interacciones positivas de reparación emocional. También es recomendable demostrar cariño e interés en pasar tiempo juntos, respetar los espacios del otro, transmitir reconocimiento o admiración (decir lo orgullosos que nos sentimos de compartir la vida con él o ella) y hablar mucho de nuestros sentimientos para evitar los malentendidos utilizando siempre una comunicación asertiva.

La terapia de pareja se debe considerar cuando las peleas, gritos y falta de respeto parecen no tener fin. Estas terapias son muchas más efectivas si no dejamos pasar mucho tiempo desde las primeras señales de insatisfacción en la relación y no esperamos a que el distanciamiento, el rencor y la frustración acumulada nos impidan encontrar soluciones. Acudir a terapia de pareja implica que ambos miembros desean recuperar el bienestar y aceptan que ambos son parte del problema pero también parte de la solución.

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Tratamiento psicológico del Dolor Crónico

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 El dolor crónico es un trastorno que padecen millones de personas en todo el mundo y concretamente en España alrededor del 11% es diagnosticado de esta enfermedad según los datos de la Asociación Española del Dolor.

Una de las principales características de esta enfermedad, además del dolor sin una base física que lo explique,  es el impacto que la enfermedad tiene sobre la vida de la persona en su vida social, familiar y laboral.

Podemos definir el dolor crónico como aquella sensación de malestar que dura más de seis meses, no está asociado  a una lesión concreta y no remite con terapias y tratamientos convencionales como cirugía, fármacos o tratamientos fisioterapéuticos. El enfermo suele someterse a pruebas y exámenes médicos donde no se encuentra una causa que justifique su dolor.

La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor define el dolor como “una experiencia sensorial y emocional desagradable relacionada con daño real o potencial de algún tejido”. Cabe resaltar de esta definición la aceptación del dolor como experiencia emocional y por lo tanto, como experiencia psicológica, no solo fisiológica, y por otra parte, la no necesidad de existencia de lesión física o una lesión real para experimentar dolor.

A veces es difícil conocer la causa del dolor crónico ya que éste puede responder a varios factores. Asimismo, el dolor puede aparecer inicialmente debido a una enfermedad o a una lesión, pero persistir por estrés, problemas emocionales como ansiedad, preocupación o depresión y estrategias de afrontamiento inadecuadas. También es posible que se produzca dolor crónico sin que haya una lesión o enfermedad previa.

En la investigación del dolor crónico encontramos que las estrategias de afrontamiento se han relacionado con la intensidad y duración del dolor, con el desarrollo de psicopatología, con la aparición de discapacidad y con la interferencia en las diferentes áreas de la vida. Así, determinadas estrategias de afrontamiento se relacionan con una mayor adaptación a la enfermedad y las más adaptativas son las denominadas estrategias de afrontamiento activas (como búsqueda de información, distracción o capacidad de solución de problemas). Las estrategias más eficaces en el dolor crónico son las estrategias que eliminan la atención del paciente sobre el dolor. Concentrarse en otras actividades placenteras como la relajación o la socialización, verbalizaciones de afrontamiento o autoafirmaciones, ayuda a disminuir el catastrofismo asociado a la enfermedad y la importancia dada al dolor. Por el contrario, estrategias de afrontamiento que contribuyen a agravar el dolor son las quejas, el catastrofismo, la desesperanza y estrategias de afrontamiento más pasivas (evitar situaciones o descanso).

Desde este enfoque los pensamientos negativos, las creencias erróneas sobre el dolor y el significado que dan a sus síntomas o la evaluación que los pacientes hacen de su dolencia, afecta al agravamiento de la experiencia de dolor crónico y al grado de deterioro físico, emocional y social.

En el tratamiento psicológico del dolor crónico será imprescindible reducir emociones negativas, depresión, ansiedad o nerviosismo y aumentar el optimismo. Por otra parte, fomentar la percepción de autoeficacia del paciente también es uno de los objetivos más relevantes del tratamiento. El paciente ha de percibir que tiene estrategias y recursos para afrontar cualquier situación de su vida, incluso el dolor. Cuanta más autoeficacia tienen un individuo mejor maneja los síntomas de dolor, disminuyendo así la intensidad de éste.

Puedes encontrar más información en los siguientes enlaces:

http://www.infocop.es/view_article.asp?id=2435

http://www.cop.es/infocop/pdf/1709.pdf

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Inteligencia Emocional como estrategia de prevención del consumo de drogas

imagesEl estudio de la inteligencia emocional como estrategia para hacer frente a las adicciones, ha motivado en la actualidad numerosas investigaciones. A pesar de que el recorrido más extenso se produce en los últimos años, la inteligencia emocional ha podido demostrar su amplio potencial para la prevención del consumo de drogas.
Es a partir de la última década del siglo pasado cuando comienza a verse un notable interés por la regulación y el manejo de las emociones debido a la aparición del término Inteligencia Emocional. La aparición de este nuevo constructo supuso la proliferación de numerosas investigaciones con el objetivo de definirla, conceptualizarla y medirla. La Inteligencia Emocional (IE) fue definida por primera vez en 1990 como “una parte de la inteligencia social que incluye la capacidad de controlar nuestras emociones y las de los demás, discriminar entre ellas y usar dicha información para guiar nuestro pensamiento y nuestros comportamientos” (Salovey & Mayer, 1990, p.189). Posteriormente en 1997, el equipo de Mayer y Salovey reformularon su definición: “La inteligencia emocional implica la habilidad para percibir con exactitud, valorar y expresar emoción; la habilidad para acceder y/o generar sentimientos cuando ellos facilitan el pensamiento; la habilidad para comprender la emoción y el conocimiento emocional, y la habilidad para regular las emociones que promueven el crecimiento emocional e intelectual” (Mayer & Salovey, 1997, p.4). Sin embargo, el máximo apogeo vino de la mano de la publicación del libro “Inteligencia Emocional” de Daniel Goleman en 1995 donde desarrollaba y ampliaba el concepto, aumentando con ello la expectación e interés mundial por la IE (Goleman, 1995).

Hay evidencia científica que considera la Inteligencia Emocional como una variable mediadora entre los acontecimientos de la vida y las posibles consecuencias sobre la salud y el bienestar. Así se relacionan los niveles bajos de inteligencia emocional con problemas de salud tales como ansiedad, trastornos del estado de ánimo, problemas psicofisiológicos, alteraciones del sistema inmune, cambios en los hábitos de conductas saludables o mayor prevalencia de conductas adictivas (Fernández, Jorge & Bejar, 2009). Desde este punto de vista, la IE es un buen predictor de las estrategias de afrontamiento a los diferentes acontecimientos de la vida, entendida ésta como la capacidad de los individuos para identificar, entender y regular sus emociones y la de los demás y utilizar esta información como una guía de los pensamientos y de las acciones (Limonero et al., 2012; Limonero et al., 2013). La inteligencia emocional facilita la adaptabilidad de las personas a los múltiples sucesos vitales, favoreciendo una respuesta apropiada, disminuyendo las respuestas emocionales negativas y desadaptativas y aumentando los estados emocionales positivos. En esta dirección, Bracket, Mayer y Warner (2004) observaron que niveles bajos de IE en hombres pueden ser predictivos de mala adaptación y se relaciona con conductas asociadas a aspectos negativos de la vida como consumo excesivo de alcohol y drogas ilegales, conducta desviada y malas relaciones con amigos.

En cuanto al consumo de sustancias muchos son los estudios que apuntan a la inteligencia emocional como un elemento protector y aunque es relativamente reciente la incorporación de la IE a la investigación de la prevención del consumo de drogas, en la literatura encontramos diversas alusiones al respecto. Kun y Demotrovics (2010) desarrollaron un metaanálisis donde hicieron una revisión de 36 artículos donde se relacionaba la inteligencia emocional y las adicciones. Encontraron evidencias empíricas que apoyan la teoría que bajos niveles de inteligencia emocional se asocian con un mayor consumo de tabaco, alcohol y de otras drogas ilegales.

Desde el punto de vista de la prevención de drogas, varios estudios se han llevado a cabo con similares resultados. Trinidad et al. (Trinidad, Unger, Chou, Azen & Johnson, 2004) observaron en población adolescente que la inteligencia emocional se asociaba con una alta capacidad percibida del rechazo del consumo de tabaco. En esta investigación se plantea que los estudiantes con alta IE tienen una mayor predisposición al rechazo de tabaco debido a la comprensión de sus emociones con respecto a fumar, capacidad para vencer la ansiedad de rechazar una oferta y mayor facilidad para combatir la presión social. A mayor inteligencia emocional más capaces son de emplear una gama más amplia de estrategias de afrontamiento para hacer frente a situaciones que pueden aumentar el riesgo de fumar.

Otra investigación en este sentido es la realizada por Ruiz-Aranda et al. (Ruiz-Aranda, Fernández-Berrocal, Cabello & Extremera, 2006) donde se examina la relación entre la IE y el consumo de alcohol y tabaco en adolescentes. La IE se asocia con la disminución de conductas de riesgo para la salud en las que se incluye el consumo de tabaco y alcohol. Se llega a la conclusión que los adolescentes con una menor puntuación en IE recurren al consumo de estas sustancias como una forma externa de autorregulación emocional. También se afirma que la capacidad para la reparación de emociones, entendida como la creencia del sujeto en su capacidad para interrumpir estados emocionales negativos y prolongar los positivos, ayudaría a prevenir el consumo de alcohol y tabaco en adolescentes.

Además de la influencia demostrada de la IE, otras variables también han sugerido ofrecer protección ante el consumo de alcohol y otras drogas. Algunas de estas variables son la resiliencia, el apoyo social y las actitudes positivas hacia el mantenimiento de la salud.

No cabe duda que dentro del tratamiento de las toxicomanías y del alcoholismo, el trabajo de la inteligencia emocional se torna cada día más necesario.

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Superando la ansiedad

La ansiedad es un estado emocional de inquietud y angustia que normalmente la persona no puede explicar. Se experimenta temor frente a situaciones que no puedes controlar o predecir, o sobre situaciones que parecen amenazantes o peligrosas.

Algunos de los síntomas más frecuentes son:

  • Palpitaciones
  • Dolores en el pecho
  • Mareos
  • Sudoración
  • Preocupación excesiva
  • Sensación de falta de aire
  • Hormigueo o entumecimiento
  • Temblores
  • Miedo a volverse loco
  • Sensación de falta de control
  • Temor a morir


Los trastornos de ansiedad más comunes son el ataque de pánico con o sin agorafobia,  fobia social, el trastorno obsesivo compulsivo y el trastorno de ansiedad generalizada.

¿Quieres saber cómo puedes superar la ansiedad? Si quieres saber más de la ansiedad, qué es, por qué surge y cómo superarla, en el enlace siguiente encontrarás el último programa de nuestra “terapia de radio” donde respondemos a éstas y más preguntas relacionados con la ansiedad.

Superando la ansiedad

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Terapia de radio

1469961_598328946883370_1828699387_nHemos inaugurado, de la mano de Radio San Vicente 95.2, un nuevo espacio para la psicología. Cada lunes hablaremos sobre distintos temas que afectan a nuestra salud psicosocial y daremos prácticos consejos para encontrar soluciones a los problemas emocionales.

En el siguiente enlace puedes escuchar el primer programa donde respondemos a dos preguntas imprescindibles,

¿Qué es un psicólogo? y ¿Para qué sirve la terapia psicológica?

 

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Las alas son para volar

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Cuántas veces nos hemos quedado parados ante al intento de hacer algo nuevo, de intentar algo que en realidad estamos deseando pero, nos hemos quedado quietos pensando……¿qué pasará?, ¿y si nos equivocamos?….¿no será mejor no intentarlo ?

¿Conoces el cuento “Las alas son para volar” de Jorge Bucay?

Ese día, Jorge me esperaba con un cuento.

Cuando se hizo mayor, su padre le dijo: “Hijo mío: no todos  nacemos con alas. Si bien es cierto que no tienes obligación de volar, creo que sería una pena que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado”.

–      Pero yo no sé volar – contestó el hijo.

–      Es verdad… – dijo el padre. Y, caminando, lo llevó hasta el borde del abismo de la montaña.

–      ¿Ves, hijo? Este es el vacío. Cuando quieras volar vas a venir aquí, vas a tomar aire, vas a saltar al abismo y, extendiendo las alas, volarás.

El hijo dudó.

–      ¿Y si me caigo?

–      Aunque te caigas, no morirás. Sólo te harás algunos rasguños que te harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.

El hijo volvió al pueblo a ver a sus amigos, a sus compañeros, aquellos con los que había caminado toda su vida.

Los más estrechos de mente le dijeron: “¿Estás loco? ¿Para qué? Tu padre está medio loco… ¿Para qué necesitas volar? ¿Por qué no te dejas  de tonterías? ¿Quién necesita volar?”.

Los mejores amigos le aconsejaron: “¿Y si fuera cierto? ¿No será peligroso? ¿Por qué no empiezas despacio? Prueba a tirarte desde una escalera o desde la copa de un árbol. Pero… ¿desde la cima?”.

El joven escuchó el consejo de quienes le querían. Subió a la copa de un árbol y, llenándose de coraje, saltó. Desplegó las alas, las agitó en el aire con todas sus fuerzas pero, desgraciadamente, se precipitó a tierra.

Con un gran chichón en la frente, se cruzó con su padre.

–      ¡Me mentiste! No puedo volar. Lo he probado y ¡mira el golpe que me he dado! No soy como tú. Mis alas sólo son de adorno.

–      Hijo mío – dijo el padre -. Para volar, hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen. Es como tirarse en paracaídas: necesitas cierta altura antes de saltar.

Para volar hay que empezar asumiendo riesgos.

Si no quieres, lo mejor quizá sea resignarse y seguir caminando para siempre.

J. Bucay. Déjame que te cuente.

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Autoestima y Autosuperación: Técnicas para su mejora

images (2)“Las creencias que tenemos acerca de nosotros mismos, aquellas cualidades, capacidades, modos de sentir o de pensar que nos atribuimos, conforman nuestra “imagen personal” o “autoimagen”. La “autoestima” es la valoración que hacemos de nosotros mismos sobre la base de las sensaciones y experiencias que hemos ido incorporando a lo largo de la vida.”

Aquí te dejo un artículo muy completo que te puede ayudar a mejorar la autoestima. Convertir lo negativo en positivo, ser conscientes de nuestros logros y esforzarnos para mejorar son sólo algunos de los pasos a seguir. Si quieres saber más haz clic en el siguiente enlace.

Autoestima y Autosuperación: Técnicas para su mejora

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Vencer nuestras voces interiores

1170815_10151559816766809_365403943_nTodos en algún momento hemos tenido pensamientos o voces internas de las que no podemos librarnos y nos producen malestar, ansiedad, preocupación, culpa o tristeza. Estas voces internas suelen hablar de nuestras debilidades, de nuestros miedos, de aquellas situaciones que no nos gustaría que pasaran o partes de nosotros que no queremos ver, que no aceptamos y de las cuales no estamos orgullosos. Estos pensamientos internos insistentes y saboteadores nos alejan lentamente de la sensación de felicidad, de paz o de autoconfianza.

En la consulta psicológica nos encontramos muchas veces con la misma pregunta ante esta desagradable experiencia, ¿por qué me pasa ésto?, ¿cómo puedo liberarme de estos pensamientos?, y en ocasiones, sin llegar a darnos cuenta que los pensamientos nos dominan, nos identificamos con su mensaje y nos sentimos insuficientes, tristes, culpables, desesperanzados, sin saber cómo hemos llegado a esa situación.

Lo cierto es que cuanto más rechazamos estas voces internas o cuanto más nos queremos deshacer de ellas, más nos estresamos. Este estrés lejos de darnos soluciones nos irrita más y nos enfada más. Cuanto más nos preguntamos el por qué y huímos de nuestras emociones desagradables más nos encontramos con ellas. La ansiedad que genera no conseguir el objetivo de dejar la mente en blanco puede incluso dañar la autoestima y esto, a su vez, producirnos un estado de ánimo deprimido. Cuanto más nos deprimimos menos ganas de hacer cosas, de relacionarnos, activarnos, sociabilizarnos, y cuanto más nos aislamos, más posibilidades de aumentar esos pensamientos negativos convirtiéndose ésto en una pauta de compartimiento cíclica y sin salida.

Teniendo en cuenta este círculo destructivo podemos pensar que la salida no está en luchar contra nuestras emociones y pensamientos, sino todo lo contrario, permitir que ocurran y aceptarlos como parte de nosotros. Cuánto más las queramos rechazar y evitar más fuertes se harán, más presencia en nuestros pensamientos tendrán. La sabiduría popular siempre nos da infalibles remedios y en este caso podemos pensar que si no podemos vencer al enemigo, ¿por qué no unirse a él? Aliarnos con nuestras voces internas, considerarlas parte de nosotros, escucharlas y comprender el mensaje implícito nos producirá alivio poco a poco.

El ser humano es capaz de sentir y de pensar, pero esto no quiere decir que debamos de sentirnos siempre bien o que debamos de tener pensamientos positivos siempre. Si hemos vivido una situación que no nos ha gustado es lógico que nos sintamos tristes, si estamos frente a algo novedoso e importante para nosotros cabe entender que sentir ansiedad es la emoción natural, la emoción que nos va  mantener alerta para enfrentarnos a esa situación.

Las emociones son reacciones naturales que nos permiten estar alerta en determinadas situaciones con el fin de prepararnos para enfrentar una situación satisfactoriamente y aumentar nuestro rendimiento en dicha situación. Así, si ante un evento importante sentimos ansiedad, miedo, inquietud, preocupación e inseguridad, y nuestros pensamientos giran en torno al miedo a hacerlo mal o a las posibles consecuencias negativas, decirnos repetidamente que no tenemos que sentirnos así, que estamos fallando, que somos débiles y cobardes por sentir ansiedad, sólo conseguirá sentir más culpa e inseguridad.

Sin embargo, si ante un evento importante ante el cual sentimos nervios y preocupación, nos permitirnos sentirnos así, escuchamos esas emociones y esos pensamientos, podemos llegar a la conclusión que la ansiedad cumple una función. Podemos darnos cuenta que dicha ansiedad habla de las cosas importantes para nosotros, habla del camino que tenemos que recorrer hasta coger más experiencia en ese tipo de eventos, todos aprendemos poco a poco, es lógico cometer errores en este aprendizaje y lo útil es permitirse tener errores para luego poder rectificarlos. Ante este tipo de situaciones, podemos optar por darnos comprensión, cariño y entendimiento. Podemos cuidar estos estados emocionales negativos tal y como nos cuidaríamos ante un dolor de cabeza después de un día de mucho trabajo. Podemos escuchar nuestras emociones y establecer un diálogo interno con nuestro niño interior, dándole mensajes positivos y soluciones, dando realismo a nuestra voz interior.

Todos tenemos “una voz sana” que nos ayuda a seguir hacia adelante, que busca lo positivo de cualquier situación y busca ser feliz. El diálogo interno con nuestros pensamientos y con nuestros miedos ayuda a desarrollar esta parte de nosotros que tiende hacia la felicidad.

La clave está en dejar de luchar y aprender a escuchar nuestros pensamientos negativos, nuestras voces internas. Para ello, suele ser muy práctico anotar en una libreta los pensamientos que más ansiedad nos producen y debatirlos tranquilamente, dedicarles tiempo y reflexionar sobre ellos. ¿Qué dicen de nosotros?, ¿qué mensaje tienen?, ¿qué parte de nosotros están protegiendo o para qué nos sirven?, ¿qué pasaría si no estuvieran?, ¿cómo podrías cambiarlos a pensamientos positivos y a mensajes motivadores que te ayuden a cumplir tus metas? Escribir los mensajes positivos en forma de autoinstrucciones y leerlos de vez en cuando nos genera confianza, seguridad y sensación de autosuficiencia.

Por otra parte, y en este proceso de aproximación a nuestros pensamientos más temidos, es recomendable practicar técnicas de relajación y respiración ante situaciones tensas o estresantes. Nos ayudarán a centrarnos en las sensaciones corporales y olvidarnos por un tiempo de la mente.

Aceptar todos nuestros pensamientos, emociones e ideas, sin juzgarlas, sin enfadarnos con ellas y con nosotros por tenerlas,  nos ayuda a aceptarnos a nosotros mismos y a no depender de las voces internas.

Recuerda, el problema no es sentir ni pensar, puesto que esto es algo natural propio del ser humano, el problema es la valoración que hacemos de estos pensamientos y cómo los juzgamos.

“Lo importante no es lo que ocurre, sino lo que hacemos con lo que ocurre”

 Isabel Soriano Santacruz
Psicóloga CV08364
www.isorianopsicologa.com
Terapia Psicológica en San Vicente, Alicante y Novelda.
 
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Juventud, acné y salud emocional.

118883012_-1_t750x550El acné es una patología que afecta a más del 70% de la población. Muchos especialistas coinciden en resaltar que a pesar de que el acné no pone en riesgo la salud física, sí que lo hace con la salud emocional, social y psíquica. Debido a los daños que ocasiona esta enfermedad en la piel y por tanto en la estética, no es raro observar posibles efectos psicológicos y sociales en las personas que lo padecen. El acné puede afectar a las relaciones sociales y al correcto desarrollo de la autoestima, pudiendo,  incluso, influir en el éxito académico y laboral.

El acné es una afección benigna de la piel que afecta a las glándulas sebáceas, caracterizado frecuentemente por la aparición de granos, espinillas y en ocasiones pueden dejar cicatrices en la piel. Es un trastorno muy común en la adolescencia y en adultos jóvenes, tanto en hombres como en mujeres, y son las personas de esta edad las que más sufren las consecuencias emocionales y psicológicas del acné.

En la adolescencia el criterio estético, la apariencia física, la imagen corporal y cómo nos ven los demás es importante. Hay una necesidad de agradar físicamente a los demás, sentirse integrado, gustarse a uno mismo y a los demás, e inevitablemente se comparan con el canon de belleza cultural y con sus iguales, dejándose influir por las miradas y opiniones de los demás. Por otra parte, en la adolescencia se suelen contar con escasos recursos personales, aún no se ha desarrollado del todo la capacidad de solución de problemas y a veces las habilidades sociales escasean. Todo esto, junto con la poca estabilidad emocional característica de esta etapa, hace que sea necesario prestar una atención especial a la influencia que el acné pudiera tener en la autoestima y en la vida del adolescente en general.

Cuando el acné es muy visible puede ocurrir que la persona se avergüence y no quiera quedar con amigos, que se le haga cuesta arriba ir al instituto y que anule todas sus relaciones sociales. El miedo al rechazo se esconde detrás de este comportamiento y por ello se evita cualquier situación en la que se anticipe un posible rechazo. Las consecuencias que se derivan de esta situación de evitación es el desarrollo de otras patologías como ansiedad, baja autoestima, depresión o trastornos de la conducta alimentaria. Por todo ello, es necesario que médicos y dermatólogos estén familiarizados con los efectos psicosociales de esta patología y de otras afecciones dérmicas para que puedan orientar al paciente acerca del tratamiento integral desde el inicio de la intervención y prevenir futuros daños psicológicos.

Algunos problemas psicológicos que puede ocasionar el padecer acné son: timidez, baja autoestima, un pobre autoconcepto o una imagen de sí mismo deficiente, fracaso académico, bajo rendimiento laboral, obsesiones, poca confianza en sí mismo, conducta antisocial, retracción social, sentimiento de inferioridad, problemas emocionales y conductuales. Puesto que el ser humano es un ser social, el presentar patologías que puedan afectar a las relaciones sociales es el mayor factor de riesgo para la aparición de trastornos psicológicos. Dotar a los adolescentes de herramientas para hacerle frente a estas situaciones, darles apoyo y tratamiento en el caso de haber desarrollado algún problema, es fundamental para crear adultos sanos emocionalmente y prevenir posibles efectos negativos a largo plazo.

Por otra parte, y quizás, otro motivo por el que se recomienda una buena orientación psicológica en los tratamientos dermatológicos como intervención complementaria a la farmacológica, es que muchos de los efectos adversos que el acné puede ocasionar generan un aumento del estrés, el cual repercute considerablemente en el estado de la piel, agravando el problema del acné, y éste a su vez, cual pescadilla que se muerde la cola, agravando la salud emocional.

Muchas personas que son propensas a padecer acné suelen ver como éste empeora en épocas de cambios o de mayor agitación emocional. La ansiedad y el estrés, cuando no lo gestionamos de forma adecuada, afecta directamente a nuestra piel y a la salud en general. Por el contrario, en las etapas en las que nos sentimos más tranquilos, con más paz y serenidad, nuestra piel resplandece y disminuyen los brotes, nos sentimos tranquilos y nuestra piel lo comunica. La piel es el reflejo de nuestras emociones y cuidar de nuestra piel pasa por ocuparnos de nuestras emociones. Las estrategias de afrontamiento psicológicas se tornan imprescindibles, tanto en la curación del acné como en su prevención.

Isabel Soriano Santacruz     Psicóloga  CV08364

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