Miedos infantiles

El miedo es una emoción normal y como cualquier otra, cumple una función. En su caso es protegernos de los peligros, por lo que es lógico que los niños deban experimentarla a lo largo de su desarrollo.

Son universales, todos los niños, independientemente de su cultura y origen, tienden a presentar los mismos tipos de miedos, además, evolucionan según la edad. Al principio son muy concretos y tienen que ver con la separación de los padres, extraños, animales o a la oscuridad. Posteriormente se centran más en los derivados de la imaginación, como monstruos, fantasmas, sucesos sobrenaturales, o problemas de salud, enfermedades e incluso muerte; hasta llegar a los de tipo social y escolar, como miedo a hablar en público o a hacer el ridículo.

Su tendencia natural es que unos vayan desapareciendo con la edad a la vez que surgen otros debido a que aumenta su capacidad y su interacción con el mundo.

¿Cuándo debo preocuparme por el miedo de mi hijo?

Pierde su utilidad cuando es desproporcionado, mantenido en el tiempo y provoca tanto malestar que acaba por afectar a diferentes áreas de la vida del niño y de su familia, ya que trata de evitar las situaciones que le recuerdan ese miedo y puede llegar a tener problemas de conducta como rabietas.

Las repercusiones a largo plazo de no tratar estos miedos pueden ser muy variadas, pero tienen que ver principalmente con una gran inseguridad, derivar en fobias, lo que limita su desarrollo psicosocial.

¿Cómo ayudarle a superar sus miedos?

El tratamiento tiene el objetivo de aumentar la competencia personal del niño, reforzar su autoestima y dotarle de estrategias de afrontamiento y superación de situaciones complicadas.

Aquí tenemos una serie de pautas para ayudarle vencerlos:

  1. Dar ejemplo.

A veces, de forma inintencionada, trasladamos miedos e inseguridades con nuestra actitud y forma de enfrentarnos a nuestros problemas. Tenemos que tener en cuenta que somos el espejo de nuestros hijos, y si ellos ven que algo nos afecta, es posible que consideren eso como muy peligroso, ya que somos las personas en las que más confían y con quienes más protegidos se sienten. En una ocasión acudió a la consulta una familia cuya hija se ponía muy nerviosa cuando veía a un perro, hasta el punto de cruzar sin mirar la calle con tal de no pasar a su lado. Comenzamos a trabajar con ella y, en el transcurso de las sesiones, en las que incluimos a una de nuestras perritas, comprobamos cómo la mamá se ponía tensa y rígida en presencia del perro, y le cambiaba la cara si se acercaba a la niña. Aunque trataba de comportarse con naturalidad delante de su hija, ésta podía detectar la reacción de su madre, y asumía que la situación que estaba viviendo no era segura.

Sobreprotegiendo no conseguiremos ayudarle.

  1. No evitar ni huir.

La respuesta natural ante algo que nos da miedo es alejarnos, y esto era realmente útil en el pasado, cuando vivíamos en unas condiciones mucho menos seguras: gracias a que nuestros antepasados huían de animales peligrosos, que se unieron en grupos y crearon refugios para mantenerlos alejados, conseguimos llegar a donde estamos ahora.

Pero hoy por hoy esta escapar no hace otra cosa que mantener y aumentar el problema, porque en la actualidad pocas situaciones hacen peligrar nuestra vida y nuestros miedos, más que protegernos, nos están limitando.

  1. Tener paciencia.

A veces, estos miedos interfieren en la dinámica de la familia y pueden llegar a ser desesperantes.

Tras el nacimiento de su hermanito, Antonio tuvo que dormir sólo en su habitación (antes sólo la utilizaba para jugar). Desde el principio comenzó a llorar y a tener pataletas para no dormir ahí, sino en la habitación de sus padres, como hacía antes. Ellos creían que se trataba de celos hacia el pequeño y le reñían, lo que hacía que Antonio se portase peor. Llegó un momento que volvió a hacerse pipí en la cama cuando era algo que ya tenía controlado. La hora de irse a la cama era un suplicio para los padres, todos los días se repetía la misma historia de gritos y peleas, hasta el punto que decidieron traerlo a consulta para tratar su mal comportamiento. Tras la primera sesión, comprobamos que Antonio tenía una gran imaginación, que inventaba asombrosas historias sobre monstruos y malvados, y su padre, divertido, también participaba en algunas de sus aventuras. Todo esto resultaba divertido de día, cuando todos estaban despiertos por casa, pero una vez se iban a dormir, los miedos aparecían, las historias inventadas podían volverse realidad. Su miedo no era la oscuridad, pero ésta lo aumentaba, el principal problema era quedarse solo, poder despertarse en mitad de la noche y pensar en los monstruos que él mismo creaba.

Gracias a su gran imaginación conseguimos, poco a poco, que las historias cobraran otro sentido, en el que él era un superhéroe valeroso que hacía frente a todos sus enemigos. Se sentía más fuerte y capaz de enfrentarse a sus problemas.

  1. Ayudarnos de libros, películas, etc. cuyos personajes sufran problemas parecidos y enseñen al niño las capacidades personales que les ayudaron a superarlos.

Libros:

  • El libro valiente, de la editorial Takatuka.
  • ¡Buenas noches, monstruos!, de Anaya.
  • A todos los monstruos les da miedo la oscuridad, de la editorial Kókinos.
  • Los miedos del capitán Cacurcias, de Nubeocho.

Películas:

  • Monstruos S.A.
  • Inside Out (del revés).
  • Monster House.
  • Los Goonies.
  1. Fomentar su autonomía e independencia.

Sentirse capaz de hacer algo es el mayor potenciador de la autoestima, lo que ayuda a tener la confianza en uno mismo necesaria para explorar el mundo y saber apoyarse en los demás para superar sus obstáculos.

Reforzar su valentía a la hora de enfrentarse a sus miedos es una buena forma de afianzar sus logros con respecto a la superación de

sus miedos y aquí juega un papel muy importante la imaginación, esa que en un principio generó sus monstruos, ahora puede ayudarle a crear situaciones y escenarios nuevos, más positivos y con mayor sensación de control.

 

 

Centro de Psicología Isabel Soriano – PSICÓLOGOS en SAN VICENTE DEL RASPEIG, ALICANTE Y NOVELDA

Esta entrada fue publicada en Articulos. Guarda el enlace permanente.