Los tics faciales

Los tics faciales son espasmos o contracciones musculares breves, repetitivas e involuntarias que involucran los músculos de la cara y cuello y que en ocasiones incluyen sonidos, como el carraspeo de la garganta. Suelen darse más en niños y la mayoría desaparecen a medida que crecen, pero en algunos casos se cronifican y mantienen en la edad adulta.

El origen de los tics no es claro ya que, si bien existe cierta vulnerabilidad genética que predispone a que se desarrollen, ésta no determina su aparición por sí misma, pues necesita de factores personales para que se potencie. Los más conocidos son los siguientes:

  • Estrés.
  • Ansiedad.
  • Baja tolerancia a la frustración.
  • Insatisfacción.
  • Cansancio.
  • Aburrimiento.
  • Miedos.
  • La propia conciencia del problema.

Además, pueden ser consecuencia de padecer otro problema como el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), el Trastorno Obsesivo Compulsivo, ser un efecto secundario de un medicamento o incluso a la cafeína o estimulantes naturales.

Por último, se encuentran los factores ambientales, que también juegan un papel importante en su aparición o mantenimiento: las situaciones tensas, estresantes, especialmente si son mantenidas en el tiempo, así como las condiciones ambientales, como el calor, favorecen que se repitan.

Las consecuencias de padecer un tic facial afectan principalmente a la autoestima y a la vida social y laboral quien lo padece, ya que interfiere de forma negativa en su vida cotidiana y en sus relaciones interpersonales. Es en este punto donde surge la paradoja de los tics:

“Si se dan en el ámbito social y causan malestar, como vergüenza, ansiedad u otra emoción negativa, ésta aumentará la probabilidad de que se repitan, entrando en un círculo vicioso que cuesta mucho romper”

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Esto provoca que la persona sufra por no saber cuándo se pueden dar y es aquí donde la intervención psicológica aporta las herramientas para disminuir ese malestar y aumentar la sensación de control sobre ellos, a través de las siguientes técnicas:

  • Toma de conciencia: identificar los momentos o situaciones en los que se suelen dar con más frecuencia, detectar las sensaciones físicas, los pensamientos previos, con el fin de anticipar cuándo se darán.
  • Relajación muscular: ayuda a reducir la ansiedad y la activación fisiológica que favorece que reaparezcan.
  • Entrenamiento en respuestas incompatibles: anticiparse al tic y emitir una respuesta que impida su aparición.
  • Motivación y generalización de los logros.
  • Mindfulness: complementa las anteriores y aporta una mayor profundidad para la comprensión del problema, ayudando a la persona a centrar su atención, sin juzgar, en el aquí y ahora y no en los tics.
  • EMDR: trabajando los pensamientos y emociones negativas, así como las sensaciones corporales asociadas al problema que han venido dándose desde su inicio y que afectan actualmente, para lograr el cambio.
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